¿Quién es el verdadero monstruo?
¿Qué es lo que
diferencia al hombre del monstruo? Esta clase de pregunta es la que surge
después de leer y releer la obra más nombrada y famosa de Mary Shelley, Frankenstein, la cual no deja a un
lector decepcionado, sino con ansias de indagar más acerca de los seres
sobrenaturales, el miedo, e incluso la idea sobre la existencia.
Desde antes de la creación de la
novela, Mary Shelley, sabía que de hacer una obra, ésta debía estar enmarcada
con el carácter de lo monstruoso, de lo que causara miedo a su lector, de la
misma manera en que estas figuraciones aparecieron en su mente y en sus sueños,
causándole a ella un pánico terrible. Ella conocía desde el inicio lo que debía
llevar la sustancia de su obra. Por lo tanto, para el estudio de la misma,
debemos enfocarnos en las mismas palabras de su autora, sacadas de su prólogo,
obteniendo así una idea de lo que quizá ella consideraba como un tema monstruo.
Con esto, podemos enfocarnos en lo siguiente:
“Quería algo que evocase los temores
misteriosos de nuestra naturaleza, y que suscitase horrores inquietantes, de
modo que el lector temiese mirar alrededor, se le erizase la piel y acelerasen
los latidos del corazón.” (Shelley, 2007, p 16).
Al comenzar la novela tenemos
como centro el deseo de nuestro protagonista, Frankenstein, por crear vida, a
partir de restos de materia muerta. Este personaje no solo hace uso de las
ciencias y sus fórmulas, sino que pretende tener tanto conocimiento como para
dar vida a lo que ha dejado de tenerla. Él coloca por encima de las leyes
naturales los avances y conocimientos científicos, creyendo que se pueden
alcanzar grandes cosas. En el mismo instante que da vida a otro, quizá esté
colocándose en una posición de superioridad, al nivel de un poderoso, casi como
el de un dios. Sin embargo Frankenstein, se muestra no como el padre, sino como
el “creador” de un ser deforme, feo y grotesco.
“¿Cómo podría
describir mis emociones ante aquel desgraciado resultado? ¿Cómo presentar la
obra a la que había dado forma con tantos sacrificios? Sus miembros eran
proporcionados y yo había elegido sus facciones para que fuesen hermosas.
¿Hermosas? ¡Dios santo! Su piel amarillenta apenas cubría la red de músculos y
arterias, su cabello era lustroso, negro y ondulado, sus dientes de una
blancura de marfil. Pero todas estas cualidades no hacían más que aumentar el
contraste con sus ojos clarísimos, casi incoloros, su tez arrugada y sus labios
estrechos y oscuros.” (Shelley, 2007, p 62).
Tenemos en principio a dos personajes, uno es
el hombre, Víctor, que tras sobreponerse a las leyes de la naturaleza, fue
capaz de crear un ser desgraciado. Por otro lado, tenemos al ser creado,
deforme y feo, que está condenado a la infelicidad desde el mismo día que abrió
los ojos. Por su apariencia física ni la sensibilidad que hay dentro de él
podrá salvarlo.
Debemos considerar, como
basamento primordial, diversas nociones que se han manejado con respecto al
tema del monstruo. Uno de los principales conceptos sobre este asunto, y que
nos parece sumamente importante para reflexionar, es el desarrollado por
Michael Foucault en la obra titulada Los
anormales, allí nos muestra a diversos individuos que sobresalen dentro de
la sociedad (por sus conductas un tanto inconcebibles), y entre los más
resaltantes nombra al hombre que es un monstruo, desde la perspectiva moral, de
él indica lo siguiente:
“[…] porque lo que
define al monstruo es el hecho de que, en su existencia misma y su forma, no sólo
es violación de las leyes de la sociedad, sino también de las leyes de la
naturaleza. Es, en un doble registro, infracción a las leyes en su misma
existencia. El campo de aparición del monstruo, por lo tanto, es un dominio al
que puede calificarse de jurídico
biológico. Por otra parte el monstruo aparece en este espacio como un
fenómeno a la vez externo y extremadamente raro […] Digamos que el monstruo es
lo que combina lo imposible y lo prohibido. (Foucault, 200,p 61).
Tomando
en gran consideración el texto citado podemos puntualizar que existe entonces
un hombre que posee dentro de sí las características de un monstruo. Este
individuo al transgredir los límites de la naturaleza está convirtiéndose en un
ser anormal, en un ser extremo, en alguien raro, que movido por sus acciones se
aleja o es alejado de la sociedad. Podemos considerar entonces a Víctor
Frankenstein como el personaje que fue capaz de hacer posible lo imposible, y
de llevar hasta grandes alturas lo considerado prohibido, por la sociedad, y
por nosotros los lectores de su historia.

Para entender la imagen de la
criatura, del ser creador por el doctor Frankenstein, queremos tomar en
consideración la noción que sobre el monstruo trabajó Umberto Eco en la obra Historia de la fealdad. Allí se nos
comunica que, durante la época renacentista, los seres considerados monstruosos
cumplen con una función amable, y todo eso a causa, precisamente, de la imagen
de fealdad que poseen. Agregando más adelante sobre el
mismo tema, lo siguiente:
“[…] la búsqueda de
lo interesante y de lo individual, o de lo grotesco, conduce también a imaginar
la deformidad que arrastra a un destino trágico a quién, aun teniendo un alma
bondadosa, es condenada por su propio cuerpo. Tal vez el primer «feo infeliz»
del romanticismo es el monstruo protagonista del Frankenstein de Mary Shelley (1818)…”. (Eco, 2007, p 293).
Sobre
esto, el mismo monstruo (o lo considerado así) hablará en algún momento,
manifestando a su creador que él, al igual que cualquier otro ser es capaz de
sentir y de amar, pero que está marcado por una desgracia, como un castigo que
él no ha merecido desde el inicio. Siendo así sentenciado, no solo por su
creador, no espera menos de toda la sociedad. Dice la criatura:
“¿Nada hay que
pueda hacerte mirar con favor tu obra, que te imploraba bondad y compasión?
Créeme, Frankenstein: era bueno, mi alma rebosaba de amor y humanidad. Pero ¿no
ves que estoy solo, miserablemente solo? Si tú, mi creador, me aborreces, ¿qué
puedo esperar de tus semejantes, que no me deben nada? […] Sé que si conociesen
mi existencia, las multitudes humanas harían como tú y se armarían para
destruirme. ¿No he de odiar, pues, a quienes me aborrecen? No tendré
contemplaciones con mis enemigos, soy desgraciado y ellos han de compartir mi
desgracia. Está en tu mano, por lo tanto, el recompensarme y librarlos de un
mal que tú puedes evitar que llegue a aplastar en su cólera, no solo a tu
familia, sino también a miles de otras personas.” (Shelley, 2007, p 103)
A
partir de esto se suceden una serie de acciones realizadas por la criatura,
llegando a matar, como lo dijo, al amigo, al hermano; e incluso llega a invadir
la privacidad de la esposa de Frankenstein, Elizabeth, demostrándonos que lo
monstruoso tiene un carácter penetrante, que llegar a invadir los ambientes
más privados e íntimos de las personas. Trayéndole al lector, lo que la misma
autora se proponía desde el inicio, incertidumbre, miedo, confusión por los
hechos relatados. Incrustándose en nuestra mente, las sensaciones de angustias
que viven los personajes. La historia nos revela no solo lo inhumano que se
vuelve la criatura, sino lo enfermo, casi al borde de la locura, a la que llega
nuestro personaje, Víctor, cuestionándose a sí mismo por sus actos, los cuales
fueron impulsados por su prepotencia, por considerarse superior, capaz de
acciones ilimitadas.

Entonces ¿A quién podemos
considerar como el monstruo dentro de la obra de Mary Shelley? Nos parece
preciso concretar, en principio, que la obra está impulsada por la vida del
doctor y su creación, que ambos están marcados por el miedo, la confusión y la
incertidumbre. En principio vemos que Víctor, al imponerse acciones tan
extremas, rompiendo con las leyes que posee la naturaleza, está convirtiéndose
en un ser extraño, y sí, en cierto sentido él posee los caracteres de un
monstruo, como lo precisaba Foucault con sus palabras. Pero no es el único caso monstruo en la
novela, ya que, en principio, y por los propios deseos de su autora, observamos
que el personaje que puede causar más pavor es la criatura, al que hasta se le
ha llegado a otorgar el nombre de Frankenstein, es él un ser con
características físicas deformes, alejado de lo humano, en pocas palabras, él
es un ser que produce repugnancia a la vista, capaz de realizar aberrantes
acciones, como matar a un niño, a una mujer, y otros seres allegados a su
creador, con el fin de hacer sufrir a este; por otro lado esta criatura, parece
mostrarse con un alma generosa, pero no será suficiente para vivir de manera
feliz (como enfatizó Eco) en una sociedad en donde se mira más lo exterior, y
es totalmente apartado lo que pretende ser visto como humano, y considerado
como uno de ellos, por el hecho de ser diferente, raro.
Con
esto concretamos que Frankenstein es
una novela monstruo, porque observamos, sí, el miedo, el pánico que inspira una
criatura fea, que trasgrede la línea que separa a la muerte de la vida; pero
además de eso, vemos los límites que el hombre llega considerar que no tiene,
quebrantados, trasgrediendo leyes, y eso
causa incertidumbre, y un cuestionamiento acerca de las barreras que separan al
hombre de lo extraño. Podemos decir entonces (respondiendo a nuestra pregunta
del inicio) que el hombre no tiene diferencias con el monstruo, si de alguna
manera él termina comportándose por encima del orden natural y social, como lo harían las
criaturas sobrenaturales. Él termina también creando pánico a los demás o, en
este caso, a los lectores, que observan que si el hombre quiere tomar el origen
y la creación de las cosas en sus manos terminará creando bestias horribles,
monstruos, que no puedan tener otra posición en la sociedad que no sea la de la
exclusión, siendo abandonados, seres solitarios y temidos.
