domingo, 18 de octubre de 2015

¿No se trataba de sentir?


-¿No se trataba de sentir? Pues siento. Cada punto de mi cuerpo se quema. 
¿No quería sentir molestia? Pues la siento. Me ubico en un escalón menos que el ser más miserable de esta tierra.
¿No se trataba de sufrir? Pues por ti sufro. Pero lo peor es lamentarme por mi y mi condición de la amante estúpida y sumisa.
¿No se trataba entonces de abrir mi corazón? Pues lo abrí. De ahí han nacido los peores dolores del alma, por confiar y creer en algo que no está. 
Duele entonces sentirse solo, desamparado, desesperanzado y vacío.
¿No quería yo culparme de las cosas? Pues soy la única culpable. Mi condena ha sido aferrarme a este dolor para sentirme viva.



16 de octubre de 2015.


jueves, 15 de octubre de 2015




Ventana abierta al mundo...


Ella






- Ella no era la típica mujer convencional. Es mas, detestaba esa palabra. Sin embargo, creía en las buenas acciones, en darle a todos su mejor sonrisa y su mejor trato. Nunca tuvo una mala percepción de alguien y, aun así, no se atrevía a confiar a ciegas. Ella era contradictoria, pero a la vez tan frágil y bella. La amé, ¡claro que la amé! Y es posible que aun la ame. Es de esas pocas mujeres que te dejan ese "no se qué" para el resto de tus días. Si se cruzara en mi camino ¡si tan solo volviera a verla! Me volvería a enamorar de la vida.

martes, 13 de octubre de 2015


Ventana abierta al mundo...


Despedida


Antes de que todo esto termine permíteme decir algo más. Yo entiendo que tengas que marcharte, esto no tiene vuelta atrás y lo sabíamos,  pero, a pesar de todo, me gustó no ser una persona normal a tu lado.

― ¿Persona normal? Pero si tú siempre fuiste una persona normal. No entiendo de qué hablas…


―No, no lo fui, porque una persona enamorada no es una persona normal. 





Te descubrí



Cs, 08 de octubre de 2015






Hoy decidí que, por un instante, no me invadiesen y dominasen las preocupaciones del día a día.

Me puse a caminar por el bulevar más conocido de esta ciudad caótica. Me compre un helado ya que el sol estaba en su máximo apogeo y, a medida que dejaba que mis pies se hicieran un camino, vi a un hombre mayor tocando unas notas en su saxofón. Éste, estaba sentado, solo, en uno de los tantos bancos del lugar. La melodía que creaba era tan suave, pura y relajante que no me importó sentarme a compartir su sitio de trabajo para comer mi helado ¡Pero que idea tan maravillosa! ¡Que experiencia tan gratificante! Con los pocos minutos que estuve ahí, no solo el sabor de mi helado estuvo mejor para este caluroso día, sino que hasta el mismo clima dejó de preocuparme. La pasión que había en cada nota bastó para transportarme al mejor lugar de todos: mi presente. Vi gente apurada que no se detuvo ni un instante al sentir la música. Observé niños jugando, despreocupados, como si todo dependiera de su propia felicidad. La mejor escena estuvo a pocos metros de mí y fue la de una madre compartiendo un helado con su hija…

Todos, ante mi vista, eran grandes bailarines en esta ciudad aturdida. Todos eran el reflejo de su contrariedad y yo fui, por un instante, el único espectador embelesado de esa belleza absurda. Me admiré al verme en los otros. Todo parecía fácil. Cada problema tenía solución. No existía la idea de rendirme ante esta ciudad que hoy, de forma mágica y por suerte, tuve el privilegio de conocer.