martes, 13 de octubre de 2015



Te descubrí



Cs, 08 de octubre de 2015






Hoy decidí que, por un instante, no me invadiesen y dominasen las preocupaciones del día a día.

Me puse a caminar por el bulevar más conocido de esta ciudad caótica. Me compre un helado ya que el sol estaba en su máximo apogeo y, a medida que dejaba que mis pies se hicieran un camino, vi a un hombre mayor tocando unas notas en su saxofón. Éste, estaba sentado, solo, en uno de los tantos bancos del lugar. La melodía que creaba era tan suave, pura y relajante que no me importó sentarme a compartir su sitio de trabajo para comer mi helado ¡Pero que idea tan maravillosa! ¡Que experiencia tan gratificante! Con los pocos minutos que estuve ahí, no solo el sabor de mi helado estuvo mejor para este caluroso día, sino que hasta el mismo clima dejó de preocuparme. La pasión que había en cada nota bastó para transportarme al mejor lugar de todos: mi presente. Vi gente apurada que no se detuvo ni un instante al sentir la música. Observé niños jugando, despreocupados, como si todo dependiera de su propia felicidad. La mejor escena estuvo a pocos metros de mí y fue la de una madre compartiendo un helado con su hija…

Todos, ante mi vista, eran grandes bailarines en esta ciudad aturdida. Todos eran el reflejo de su contrariedad y yo fui, por un instante, el único espectador embelesado de esa belleza absurda. Me admiré al verme en los otros. Todo parecía fácil. Cada problema tenía solución. No existía la idea de rendirme ante esta ciudad que hoy, de forma mágica y por suerte, tuve el privilegio de conocer.




No hay comentarios:

Publicar un comentario